En ocasiones, nos enfadamos por no saber gestionar las frustraciones y las decepciones de pequeñas cosas que ocurren. Nos sentimos disgustados, nos irritamos y nos enfadamos, lo que nos resta felicidad y hace que tengamos una visión negativa de nuestra vida.
Casi siempre, el efecto de un enfado es más grave que aquello que lo causó.
Qué factores pueden ayudar a provocar ira, irritación o enfado?
Tener expectativas poco realistas de las personas. Pensar que van a complacernos siempre o que van a cumplir nuestros deseos va a provocarnos seguro una decepción y posiblemente un enfado.
Emitir juicios basados en nuestra imaginación en lugar de hacerlo en los hechos. Pensar que todo es negativo, montarnos películas, siendo susceptibles, adelantándonos al futuro, creyendo que lo que va a pasar será indefectiblemente malo.- Aguantar la molestia sin expresar la queja, por educación o por evitar conflictos. La ira contenida acaba convirtiéndose en rabia. Pretender mantener el control a toda costa produce el efecto contrario.
- Alimentar creencias negativas sobre nosotros mismos, convencidos de que los que opinan diferente piensan que somos estúpidos.
- Dar importancia a pequeñas cosas que no la tienen, y seguir retro alimentándonos después, pensando que aquello que nos ha ocurrido es muy grave, terrible e insoportable.
Te ofrecemos algunas ideas sencillas para evitar o suavizar el enfado:
- No esperes más de la cuenta de las personas, ten expectativas realistas sobre la gente, comprendiendo que tienen sus vidas y que tu no eres el centro de ellas. Aprende a elegir las personas que corresponden a tus esfuerzos y que no suelen decepcionarte. Aprende a conocer a la gente, sabiendo que esperar de cada uno. Eso te ayudará a no decepcionarte y no enfadarte.
- Toma perspectiva. Piensa si aquello que te ha molestado es tan grave como para acordarte dentro de diez años. Piensa en que el efecto de un enfado suele ser peor que aquello que lo causó.
- El humor es un recurso tan bueno o incluso mejor que la paciencia. Asimismo, la tolerancia, la comprensión y el relativizar, te ayudarán a no tomarte tan en serio determinadas situaciones y a no enfadarte tanto.
- Aprende a detectar cuando empiezas a enfadarte. Comunica, quéjate, expresa tus deseos y tus anhelos. Con asertividad puedes expresarlo absolutamente todo. Muchos enfados se originan días atrás, cuando dejamos de decir algo que nos disgustaba en aquél momento, a menudo, por evitar conflictos.
Necesitas una ración de felicidad diaria!
Eres el único responsable de tu propia felicidad. Olvidarse de uno mismo y no complacer los propios deseos es una de las causas más habituales de enfado. No puedes esperar que los otros te concedan aquello que tu no te has permitido. Por eso es tan importante aprender a recuperar nuestros placeres olvidados, todo aquello que nos conecta con nuestra satisfacción y nos hace sentir felices. Cuando nos olvidamos de nosotros, vivimos la vida de los demás, acumulando un malestar que con el tiempo se convierte en ira. En demasiadas ocasiones nuestros enfados son el resultado de postergar cosas que queremos. Volver a practicar un deporte que nos gustaba, aprender un idioma, hacer punto de cruz, bailar o expresarse artísticamente, pueden ser maneras de conectarse de nuevo. Cada persona puede encontrar un recurso diferente, o varios. La idea es darnos, al menos, una ración de felicidad al día, y no esperar que sean los otros los que nos la proporcionen.