Dependencia y codependencia en pareja

La dependencia y la codependencia en pareja son dos términos que a menudo se confunden, porque ser codependiente es casi lo mismo que ser dependiente. Pero en verdad es crucial reconocerlos como dos cosas bien distintas, ya que suelen confundirse. No es que ser codependiente no signifique ser dependiente de los demás, pero estas personas son, sobretodo, dependientes de la dependencia de otros en ellos. Se constituye asi relaciones nada saludable ni para uno ni para el otro. Así pues, ¿cuál es la dinámica que opera en estas relaciones?

También es importante distinguir las relaciones codependientes de las interdependientes. Si la definimos psicológicamente, la codependencia es desadaptativa y disfuncional. Puede tener cierta reciprocidad, pero a diferencia de la interdependencia, es negativamente simbiótica. Tener necesidades de dependencia no es por si solo algo malo. Todos las tenemos. En una relación interdependiente, sin embargo, cada uno puede contar con el otro para ayudarse, comprenderse y darse apoyo. Es un tipo de “valor añadido”, el otro suma. La relación contribuye a la resiliencia, a la iniciativa y a la fuerza interior de cada uno. Al mismo tiempo, los integrantes de la pareja siguen siendo autosuficientes y libres. Mantienen una clara identidad separada de la relación y son capaces de valerse solos.

dependencia y codependencia

Al contrario, en una relación codependiente, las dos partes dependen la una de la otra. Cada uno se apoya tan fuerte en el otro, que acaban perdiendo el equilibrio. En su intento desesperado de unir sus necesidades de dependencia, su verdadera identidad se pierde, y su desarrollo y potencial (personal, social y profesional) se apaga. La relación es recíproca sólo porque permite a los dos evitar el afrontamiento de sus miedos e inseguridades. Al contrario que la dependencia sana (que hemos llamado interdependencia), el individuo codependiente necesita ser necesitado para sentirse bien consigo mismo. Simplemente no pueden sentirse bien si no se sacrifican por su compañero. Si nadie depende de ellos, se sienten solos, inadecuados, inseguros y sin valor.

Generalmente, las personas codependientes, de niños observaron como sus padres -codependientes- les mostraban que sus necesidades y los deseos propios eran secundarios. Hasta que dichos niños no abandonaban sus deseos para centrarse en los de sus padres, no se sentían valorados. Hasta tal punto que, si llegaban a mostrar sus necesidades de dependencia, serían castigados directa o indirectamente. A esos niños les decían que eran egoístas y que debían sentirse culpables por pensar solamente en ellos mismos. Es importante tener en cuenta, que en la mayoría de estos casos, al menos uno de los padres ha sido adicto, o arrestado en su desarrollo y busca compensar sus pasadas privaciones con una dependencia “sustitutiva” en sus hijos. En definitiva, definen el papel del hijo como cuidador suyo y no al revés. La mayoría de los codependientes, entonces, aprendieron de niños que para ser “lo suficientemente buenos” para ser aceptados por sus padres tenían que negar o reprimir la mayoría de sus pensamientos, sentimientos e impulsos.

Mientras intentaban asegurar el vínculo parental, tuvieron que olvidarse de lo que realmente les gustaba, lo que querían y lo que necesitaban de verdad. Entonces, es de esperar que cuando crecen y se ven obligados a tener una vida propia, se vean encasillados en un profundo e interiorizado “programa” que les recuerda constantemente que para ser aceptados por los demás, deben subordinar sus necesidades a las ajenas. Esos patrones de supervivencia que servían para adaptarse en su infancia y ya no son apropiados, siguen controlando sus pensamientos y acciones.

codependencia en relaciones de pareja

Entonces, una vez adultos, ¿qué rasgos los caracterizan?

  • Su autoestima depende de la valoración externa (no pueden ni auto valorarse ni aceptarse)
  • Su sentido de la auto valoración y del bienestar propio es muy vulnerable, por eso son tan sensibles y reactivos a los demás
  • Su habilidad para afirmar sus necesidades en una relación está muy constreñida. Y en el caso de que las afirmen, es muy probable que después se sientan culpables
  • Su sentido de la responsabilidad se centra más en los sentimientos, deseos y necesidades del otro que en los propios. En consecuencia, son los demás los que suelen gobernar lo que dice y hace.
  • Su habilidad básica de crear vínculos es muy limitada
  • Su comportamiento se guía por un miedo interior a estar solo, a sentirse abandonado, rechazado o despreciado
  • La visión que tienen de ellos mismos en situaciones conflictivas es de víctima
  • Su “compulsiva” lealtad a los demás puede ir más allá de lo que está garantizado y acabar haciéndose daño
  • Sus propios valores se subordinan, se sacrifican o se omiten cuando entran en conflicto con los de otro. Para proteger una relación, están dispuestos a suprimir su propia integridad. A pesar de todo esto, puede ser que los codependientes -desde fuera- no parezcan dependientes. Pueden disfrazar su urgente dependencia en los demás para confirmar su valor individual. ¿Cómo? Diciendo cosas y actuando de manera que parezca que tienen el control. Habiendo aprendido durante la infancia a satisfacer a sus padres, la mayoría suelen actuar de forma autoritaria con los demás (aunque pueda parecer contradictorio). Para ocultar a los demás -y también a sí mismos- que no tienen el control efectivo de su vida, pueden:
  • Convertirse en la persona de la que otros dependen: haciendo ver que son más fuertes de lo que realmente son, tanto emocional como mentalmente. De hecho, es porque creen que no deberían depender de los demás, que “administran” la aceptación que le brindan los demás.
  • Convertirse en “voluntarios” profesionales, en un constante ir detrás del deber para demostrar su valor personal
  • Invertir mucho tiempo en demostrar a los demás lo que piensan, sienten y hacen (no tanto para controlarlos sino para sentirse más seguros en su relación con ellos)
  • Hacer favores, regalos o anticipar necesidades de los demás constantemente (normalmente para influenciar las reacciones ajenas en un tipo de soborno)
  • Animar a los demás a tratarlo como un confidente o volverse indispensable para eliminar las posibilidades de ser abandonado (tomando el rol del solucionador de problemas, el que toma las decisiones, el que da apoyo o el salvador)
  • Usar el sexo como sustituto de una intimidad real
  • Manipular a la gente y las situaciones conectando -real o falsamente- con ellos.

En todos estos casos, el comportamiento de los codependientes se mueve por la misma necesidad, aquélla que en la infancia no se pudo satisfacer: ser completa e incondicionalmente aceptados por sus cuidadores. Esto incluye ser capaz de sentirse seguro y protegido, atendido, respetado y querido, en una palabra: criado. Entonces, en su búsqueda adulta de la aceptación, serán capaces de darlo todo y más.

Salvo las pretensiones de fuerza y de tener un deseo de servir a los demás libre de intereses personales, el resto de sus comportamientos dependientes suelen ser obvios. Para mantener la mínima consciencia que tienen de uno mismo -por muy inauténtica que sea- les obliga a hacer todo lo posible para obtener la aceptación ajena. Se anticipan a las necesidades de dependencia de los demás básicamente para fijar su débil confianza en ellos mismos.

Finalmente, siendo incapaces de confiar en los demás, su propia fiabilidad (cuidadosamente cultivada) irónicamente los prepara para ser aprovechados.

Las relaciones de codependencia impiden el crecimiento personal, la autonomía, la expresión individual y la propia valoración. Aunque curiosamente suelen ser relaciones estables, son muy nocivas para los integrantes.

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