Ayudar a los hijos adolescentes

Si tienes hijos adolescentes es importante que sepas que ahora necesitan tu ayuda más que nunca. La primera adolescencia es uno de los períodos más peligrosos en la dinámica entre padres e hijos, porque está caracterizada por los cambios fisiológicos, psicológicos y relacionales: la primera maduración sexual y las consiguientes pulsiones, los primeros pasos en la construcción de la identidad personal, la relación con los compañeros, que evoluciona y presenta nuevas situaciones de crisis, las primeras experiencias eróticas, el deseo de diferenciarse de los modelos paternos o, por el contrario, de adaptarse a ellos. adolescente-diferenteNo es casual que esta sea también la franja de edad en la que aparecen con más frecuencia formas severas de psicopatologías, como trastornos fóbico-obsesivos y compulsivos estructurados o desórdenes alimentarios
impresionantes, o incluso los primeros brotes psicóticos. El deseo de explorar nuevos territorios puede incluso empujar al consumo y abuso de drogas, así como a perderse en la realidad tranquilizadora del mundo virtual.  Además, aparecen con frecuencia problemas relacionados con la sexualidad, con la identidad de género, con el rendimiento escolar o deportivo, con los conflictos relacionales y con los primeros y amargos desengaños amorosos. La adolescencia es una etapa difícil.

Como padre o madre, te puedes encontrar frente a un hijo al que muchas veces ya no reconoces, precisamente a causa de los repentinos cambios, y, cuando intentas ayudarlo, casi siempre experimentas la terrible frustración de la ineficacia de tu ayuda. A menudo incluso te sientes rechazado por el hijo, que escucha y da crédito a otras personas, cuando debería tener a ti como principal figura de referencia.

Tampoco es mejor la situación de los padres con hijos adolescentes perfectamente respetuosos, solícitos y obedientes que, si bien por una parte les hacen sentir gratificados, por la otra desarrollan una dependencia de los padres basada en su propia inseguridad y en el temor a adoptar actitudes de enfrentamiento, que antes o después explotará en forma de graves dificultades de relación con el mundo exterior o de posible patología psicológica.

Los chicos necesitan explorar y, a través de la experiencia, conocer el mundo, a los otros y a sí mismos. Por esto el papel activo de los padres en las franjas de edad anteriores ha de transformarse en un papel indirecto y expectante del que observa sin intervenir, a menos que se reclame explícitamente su ayuda, o las circunstancias sean realmente peligrosas y obliguen a realizar una auténtica operación de salvamento.

En la mayoría de los casos, en esta fase el progenitor ha de hacer que el hijo esté en disposición de probar sus capacidades para afrontar los problemas, ha de estar dispuesto a ayudarlo si es necesario, pero frenando el impulso a allanarle el camino. Si un hijo tiene dificultades escolares o relacionales y los padres adoptan una actitud hiperprotectora tratando de aliviar al máximo su sufrimiento, o de sustituirlo en la gestión directa de los problemas, el muchacho obtendrá la confirmación de que no está a la altura de la situación, aunque se sienta protegido y amado. Las dificultades iniciales se transformarán en un problema estructurado, hasta convertirse en un auténtico trastorno.adolescente-complicado

Por otra parte, si un hijo se porta mal en la escuela, no respeta las reglas y les falta el respeto a los profesores o, lo que es peor, tiene un comportamiento desviado que puede llevarlo incluso a cometer actos al margen de la ley, y los padres, con una actitud permisiva y protectora, tratan de protegerlo de posibles castigos, sin impedirle cometer nuevas acciones peligrosas o negativas, no solo el muchacho empeorará su situación, sino que irá a más, convencido de que puede hacer lo que quiera sin asumir ninguna responsabilidad.

Otra dinámica que resulta patógena es la de los padres que se sacrifican continuamente para garantizar a su hijo un nivel de vida superior al que le corresponde por su clase social, sin pedirle nunca que colabore en este esfuerzo y acostumbrándolo peligrosamente a que le den todo sólo por existir.

También, sin duda es mucho más conocida la dinámica conflictiva entre adolescentes y padres y el pulso que se establece entre la rebelión por una parte y la represión por la otra, hasta llegar a la exasperación del conflicto.

No obstante, el fenómeno más frecuente y menos analizado es el de la paternidad basada en continuos cambios de comportamiento y de actitud educativa. Es muy frecuente en las últimas generaciones y expresa el malestar y la incertidumbre del hijo. En los últimos años, el modelo familiar intermitente es el que se presenta con más frecuencia.

adolescente-dificilEs también en la primera adolescencia cuando el adolescente empieza a afrontar la construcción de la propia autonomía respecto a las figuras paternas. Es complicado para él pues se debate entre la necesidad de protección y de autonomía, y también para la familia, que no sabe cómo gestionar esos intentos de autonomía, a veces confusos y contradictorios. Las situaciones críticas se suelen manifestar en los siguientes ámbitos:

  • en la escuela: escaso rendimiento, ausencias prolongadas e injustificadas;
  • oposición a las reglas: actitud de oposición o de desafío a las reglas de los padres (horario de vuelta a casa, fumar) o de la sociedad en general (consumo o abuso de sustancias psicoactivas legales o ilegales)

Frente al comportamiento «negativo» del hijo, los padres generalmente adoptan las siguientes estrategias de solución, que son totalmente ineficaces:

  • se enfadan y reprochan al hijo sus propios fallos
  •  utilizan premios o castigos para eliminar el comportamiento incorrecto y reforzar el correcto, como cuando era niño

ENFADO Y REPRIMENDA

El enfado es un desahogo momentáneo que no surte más efecto que el de agudizar el conflicto o provocar sentimientos de culpabilidad en el progenitor que ha perdido los estribos. La reprimenda es el intento de corregir el comportamiento que utiliza la reprobación y la moral como elemento de fuerza para provocar en el muchacho remordimientos por sus actos y comportamientos. En la mayoría de los casos la reprobación se interpreta como confirmación de la distancia abismal con el mundo adulto porque puede fomentar un sentimiento de culpabilidad por cualquier acto de sana rebelión contra los padres.

PREMIOS Y CASTIGOS

Los tipos de premios y castigos son muy variados, pero que lo hace una estrategia ineficaz? El hecho de subestimar que lo importante no es el comportamiento, sino su función, es decir, experimentar, y crear autonomía e independencia. Por tanto, si los padres  castigan un comportamiento que exprese su autonomía, el castigo puede confirmar que ese comportamiento es correcto, precisamente porque no es deseado.

adolescentes-dificilesQué se puede hacer para ayudar a los hijos a ser autónomos y al mismo tiempo evitar comportamientos potencialmente peligrosos o claramente equivocados a los ojos de los padres? La adolescencia exige poner en tela de juicio la figura de los padres. Padre y madre deben dar un paso hacia atrás para que el muchacho pueda dar dos hacia delante. Eso permite anticipar posturas provocadoras del hijo. Aunque cuando se supera el límite de la crítica o de la oposición tolerable, el progenitor ha de mantener el control y la jerarquía mediante una postura firme y decidida.

La estrategia de los premios y de los castigos es sustituida por la de la «consecuencia inevitable». Se pasa de la idea de que el progenitor es árbitro del comportamiento a la idea de que el muchacho es responsable de las consecuencias de sus propios actos. Eso significa devolver la responsabilidad de sus decisiones al muchacho y estar dispuestos a correr el riesgo de que se equivoque, porque solo así podemos ofrecerle la posibilidad de convertirse en un adulto responsable capaz de elegir y de corregir sus decisiones si es necesario.

Un psicólogo experto en adolescentes puede ser de gran ayuda en esta etapa tan complicada. Hay que tener presente que precisamente por sus características evolutivas el adolescente tiende a escuchar más a los otros que a sus padres, y mucho más si se trata de un experto que consigue establecer una buena relación con el muchacho y recibir su estima como figura de referencia transitoria. Esto no ha de hacer que los padres se sientan frustrados y relegados al papel de meros observadores: confiar a un tercero la intervención no significa rendirse o ser incapaces, sino que es una toma de posición activa para ayudar al hijo.