ANSIEDAD

La ansiedad es uno de los principales problemas psicológicos que afecta a nuestra sociedad. Según las estadísticas del 2012, la ansiedad tiene una prevalencia del 31.2%, es decir que más del 30% de la población sufre ansiedad.

QUÉ ES LA ANSIEDAD?

Definimos técnicamente la ansiedad, como una anticipación aprensiva de una posible desgracia o de un peligro que no ha ocurrido y se sitúa en el futuro, a lo que se acompañan síntomas somáticos, malestar y/o tensión. La ansiedad es sólo el efecto psicofisiológico de esta percepción-emoción, y está compuesta por estos dos factores, una supuesta amenaza cargada de incertidumbre y miedo, acompañada de síntomas fisiológicos como resultado de la activación del sistema nervioso simpático. Como se ve, la ansiedad es un síntoma, es una alerta que nos dice que tenemos miedo, nos sentimos inseguros, que hay alguna situación o problema sin resolver que nos asusta y parece superarnos. Este proceso puede ser consciente o inconsciente, ya que no siempre nos damos cuenta de que la sufrimos, y muchas veces no sabemos por qué la tenemos.

No obstante, hemos de tener en cuenta que la ansiedad es un estado natural, beneficioso y adaptativo, que nos protege del peligro y que nos ha mantenido vivos como especie durante miles de años. Esta ansiedad buena y saludable es la que surge como consecuencia de las demandas reales del exterior, que saca lo mejor de nosotros porque nos activa y presiona ligeramente para que rindamos más. . Muchas veces la ansiedad se produce por un motivo real pero se mantiene una vez pasado el peligro, quedando asociada a la situación que provocó el miedo. Sin embargo, cuando la ansiedad proviene de miedos y demandas no realistas y nos anula, bloquea y limita, interfiriendo en nuestras tareas se convierte en ansiedad patológica. Si sufres ansiedad lo primero que deberías hacer es analizar cual debe ser la causa, qué miedo o temores la está provocando.

El miedo siempre aparece como una anticipación, siempre de algo que no ha ocurrido. Es una emoción básica y muy antigua que también nos protege. El miedo, como todas las emociones, surge en nuestra mente, es producto de lo que pensamos sobre algo, y si no pensamos en ello, no sentimos temor. Si ignoro que tengo una tarántula en la espalda no reaccionaré ni sentiré miedo, claro. Normalmente buscamos de forma natural el equilibrio emocional, y nos vamos adaptando a lo que nos ocurre con más o menos éxito. Pero hay veces que ante alguna situación nos descontrolamos y perdemos el control, para lo que intentamos soluciones que muchas veces más que arreglar el problema lo complican y lo mantienen.

Por ejemplo, la ansiedad tiende a generalizarse, puesto que normalmente, las personas o bien pretenden controlar el miedo, o evitan las situaciones que les producen temor. Entonces, cada vez hay más estímulos que provocan miedo, lo que aumenta la ansiedad y con ello el deseo de controlar el síntoma. En ambos casos el problema persiste ya que el malestar que sufre la persona supone demasiado esfuerzo cuando se pretende controlar, o genera más miedo, cuando se evita. Ante este problema que se generaliza, perdura y enquista, la terapia breve estratégica ha demostrado ser un tratamiento eficaz con resultados demostrables. Mediante diferentes estrategias el paciente logra afrontar su problema, recuperar el control del síntoma y, por tanto, de su vida.
¿Por qué la ansiedad no desaparece definitivamente con los fármacos? La ansiedad no es una enfermedad, es un síntoma y los fármacos no pueden curarla si no se trata la causa o el origen del problemaansiedad

SÍNTOMAS DE LA ANSIEDAD

Los síntomas que pueden darse en la ansiedad son:

  • Cardiovascular: Hipertensión, hipotensión, disminución o aumento de la frecuencia cardiaca, desmayo, taquicardia o pulso acelerado, arritmias, palpitaciones, dolor precordial en el pecho, opresión en el pecho.
  • Respiratorio: Ritmo respiratorio acelerado y superficial (hiperventilación), respiración enlentecida, problemas para respirar, presión en el pecho, respiración superficial, sensación de nudo en la garganta, sensación de ahogo o de falta de aire (disnea), suspiros
  • Neuromuscular. Reflejos aumentados, sobresaltos, insomnio, espasmos, temblores, rigidez, debilidad general, inestabilidad, piernas tambaleantes.
  • Gastrointestinal: Dolor abdominal, pérdida de apetito, asco de la comida, náuseas, vómitos, reflujo gastroesofágico, malestar abdominal, sensación de atragantamiento o dificultad para tragar, diarreas, heces blandas, dolor abdominal, cólicos intestinales, sensación de ardor, pesadez abdominal, aerofagia, flatulencia o gases, pérdida de peso, estreñimiento.
  • Aparato urinario: Micciones frecuentes, micción urgente, dolor al orinar, amenorrea, menorragia, disminución del deseo sexual o anorgasmia (pérdida de la libido), eyaculación precoz e impotencia o disfunción eréctil en el hombre
  • Piel: Palidez, rubor facial, sudor localizado (por ejemplo, en las palmas) o general, sofocos, picores
  • Síntomas neurovegetativos: Sequedad de mucosas, especialmente de boca y lagrimales, sudoración y salivación excesiva, o viceversa, sensación de desmayo inminente, rubor o palidez, vértigos, cefaleas, erectismo piloso (piel de gallina), hormigueo o parestesias, hipersensibilidad a los ruidos, olores o luces intensas, mareos o inestabilidad, insomnio, dificultad para conciliar el sueño, sueño interrumpido, sueño insatisfactorio o no reparador, sensación de fatiga al despertar, pesadillas, terrores nocturnos.
  • Síntomas musculares: Cefaleas tensionales, especialmente en la nuca, contracturas musculares; espasmos musculares y calambres, rigidez muscular, dolor muscular, tics, rechinar de dientes o bruxismo.
  • Síntomas sensoriales: Zumbido de oídos, visión borrosa, oleadas de frío o calor, sensación de debilidad, parestesias (pinchazos, picazón, hormigueos).
  • Otros síntomas psicofísicos: Fatiga y agotamiento, astenia (neurastenia), sensación de tensión e inquietud, llanto fácil, imposibilidad de relajarse, impaciencia, dificultad o falta de atención-concentración, problemas de memoria, pensamiento acelerado, o al contrario, embotamiento.

La característica común a todos ellos es que suelen ser síntomas incapacitantes, es decir, que los síntomas van evolucionando y se van complicando hasta incapacitarnos para seguir con nuestra vida diaria. La buena noticia es que igual que nuestro cuerpo aprende a tener ansiedad ante determinadas situaciones, puede desaprenderlo, porque estamos muy dotados para el aprendizaje.